Fuente: elciudadanoweb.com Por Arlen Buchara La tarde del lunes 27 de enero la zona de la Terminal de Ómnibus de Rosario se llenó de putas. Frente a la Casa de la Diversidad y en la placita bautizada con el nombre de Sandra Cabrera, la sindicalista de Ammar asesinada en 2004, se reunieron para recordarla. No estaban solas. Como pasa desde hace años, el pedido de justicia por Sandra une a todo el arco político, sindical, feminista y cultural de la ciudad. Cada persona que pasó por el micrófono la recordó como la mujer que mucho antes de las consignas actuales de “puta feminista” se nombraba como trabajadora sexual; como la sindicalista que les había enseñado a los medios a no estigmatizar a las prostitutas; como la referenta que no se callaba la boca a la hora de denunciar a la Policía y su vínculo con la explotación sexual y las redes de trata; como la compañera que recorría las calles en moto hablando con las que ejercían en las esquinas, repartiendo preservativos y volantes ...